
Ante uno de estos animales es imposible no deshacerse en elogios. Seguramente algunos de estos gatos, de pelo largo y suave, despertaron el interés de los primeros viajeros que los trajeron a Europa, en el siglo XVI, tras quedar prendados de su bellísima estampa. Se tiene constancia de que uno de los introductores de la raza fue Piero della Valle, explorador italiano, que trajo consigo a varios de estos gatos, procedentes -como de forma inequívoca su nombre indica- de la antigua Persia, imperio viejo que, en sus días de grandeza, se extendía ocupando parte de la actual Turquía y la totalidad de Irán. Otro viajero, esta vez francés, consiguió hacerse tiempo después con varios delicados felinos de pelo blanco y sedoso en Angora (la actual Ankara turca) y los trasladó a Francia. Años más tarde, los criadores se dedicaron a cruzar Gatos Persas y de Angora, y a seleccionar ejemplares que darían como resultado la raza que ahora conocemos. En la Inglaterra victoriana se creó un verdadero culto alrededor de estas mascotas que muy pronto se haría extensible al Nuevo Mundo. La reina Victoria era una entusiasta de los Persas de capa azul y organizó, personalmente, el primer certamen que tuvo a estos felinos como absolutos protagonistas, celebrado en el Cristal Palace londinense en 1871. Se emitirían entonces los primeros certificados conocidos de pureza y se fijarían los estándares de la raza, la más extendida por todo el planeta pese a no ser un gato fácil de criar.
El gato persa es un felino de pelaje sedoso y largo que con frecuencia, alcanza los 20 centímetros de longitud. Aunque en origen eran casi todos blancos, hoy existe una enorme variedad de colores: negro, blanco, azulado, crema, rojizo, etcétera, y las mezclas o bicolores. Y todas, por lo general. son apreciadas.
De cabeza grande, ancha y redonda, presenta una nariz corta y retraída, o chata; mejillas prominentes; orejas breves, bien separadas en lo alto del cráneo y rematadas por pequeños pompones de pelo más largo.
La coloración de los ojos varía mucho , es normal encontrar tonos morados, cobrizos, azulados, anaranjados o verdosos: incluso no es infrecuente una coloración distinta en cada ojo. La constitución del Gato Persa refleja Robustez; es de cuerpo compacto, redondeado en sus formas, musculoso, de estructura ósea robusta. Sus medidas oscilan entre los 40-50 cm de longitud, a los que se debe añadir un cola -baja, corta, de pelo largo y curvado o redondeado en el extremo- de unos 25-30 cm. Su altura es de unos 30 cm. Las extremidadesson breves y fuertes; los pies largos, redondos, presentan pelos entre los dedos. En general, todo ejemplar bien proporcionado transmite una imagen de absoluta armonía y elegancia: parecen verdaderos peluches adorables y encantadores.
Todos los que poseen Gatos Persas saben que éste es, con diferencia, uno de los gatos más tranquilos -por no decir el más tranquilo- y dulces que existen. No se suelen inmutar ante nada; son parsimoniosos e incluso en sus juegos e intereses se mueven con laxa pereza. Esa tranquilidad inmanente tan característica hace que convivir con ellos sea fácil: no necesitan salir al exterior con frecuencia; no poseen temperamento cazador y son muy caseros, amén de unos dormilones de tomo y lomo que refunfuñan cuando uno les estropea la siesta y les expulsa del sofá. Por descontado son juguetones y muy mimosos: les encanta el contacto físico y el cariño y se hinchan ante la adulación. Son unos adorables vanidosos que parecen entender los halagos y elogios más que cualquier otra raza. Su educación no presenta grandes Problemas aunque reaccionan mal ante la imposición debido a que suelen ser bastante testarudos. Con ellos funciona mejor la lisonja que la orden. Siendo tan tranquilos y dados a la holganza, acostumbran a evitar a los niños muy activos y gritones. Ante un zafarrancho de chiquillos optan por trasladarse a un rincón más sosegado y dedicarse a su gran afición: observar. Pueden convivir con otras mascotas, aunque prefieren, los muy egoístas, que la casa y las atenciones del dueño sean para ellos solitos. Sin duda, todo lo apuntado convierte a los Gatos Persas en compañeros ideales. Difícilmente se puede hallar otra mascota mejor, más divertida o más elegante. Ponga un tigre en su sofá.